martes, 1 de julio de 2014

Michéle Petit, entrevista

En el año 2005, mis primeros docentes de narración oral (formación enmarcada en un voluntariado social), me presentaron dos libros de Michéle Petit: "Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura" y  "Lecturas: del espacio íntimo al espacio público"... Sentí que todo aquello que ella decía me ayudaba a cargar de significado este camino que empezaba a construir... nunca más pude dejar de leerla. Sé, que nunca más dejaré de hacerlo.  A casi diez años, la vida me da la posibilidad jamás imaginada por aquél entonces de "encontrarme" a través de las palabras con Michéle Petit. Yo, su apasionada lectora, tiemblo en este encuentro, y confirmo lo que siempre sospeché: las palabras abren caminos que nos conducen a lugares maravillosos e insospechados, reparadores muchas veces y que nos hacen así de bien... Infinitas y desmesuradas "gracias" por este encuentro, Michéle Petit.- 

Comparto la entrevista, para leer sus respuestas con mucha escucha, y disfrutarla en cada reflexión compartida...




Dice Marcel Proust, que  “…para figurarse una situación desconocida, la imaginación toma prestados elementos conocidos y a causa de ello no se la figura. Pero la sensibilidad, aún la más física, recibe, como un reguero de pólvora, la firma original y por mucho tiempo indeleble del nuevo acontecimiento…” ¿De esto se trata el acontecimiento del primer encuentro placentero con un libro, con la lectura, de poder hallar otros elementos que tomar prestados para construir nuevos significados, situaciones, “hogares prestados” como dijiste alguna vez?

En el primer encuentro con un libro cuyo recuerdo conservo, me parece que lo que me exaltó fue el descubrimiento de un otro espacio, una otra dimensión, a mi medida, donde podría encontrar un lugar. Era un placer muy parecido a aquel que sentimos en la infancia cuando acondicionamos chozas. Se trataba de un libro ilustrado y en relieve - lo que hoy en día llamamos un "pop-up"- pero no tengo ningún recuerdo de la historia o de las imágenes. Sólo de mi deslumbramiento y de esta sensación de encontrar un lugar para mí.
Aparentemente, se trata de una experiencia bastante frecuente: mucha gente me ha contado recuerdos de infancia en los que el placer era muy físico y provenía de esta suerte de proximidad entre el libro y la choza, de este descubrimiento de un otro mundo que le permitía a uno construir un espacio para sí mismo. Algunos me han dicho: “siempre estoy en busca de eso mismo cuando leo”.

Proust agrega: “cada lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discernir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido”.  ¿Es allí, en eso que el lector advierte de sí mismo a través de la lectura, en esa grieta por donde asoma el descubrimiento,  donde se pone en juego aquella conquista o reconquista que alguna vez mencionaste, la de “una posición de sujeto”? 

Te refieres a algo que con frecuencia fue observado por los escritores (o los lectores "ordinarios"). Gide hablaba de las "princesas soñolientas" que "llevamos en nosotros, ignoradas, esperando que una palabra las despierte". Y Pierre Bayard nota: "Lo que realiza el buen lector es una travesía de los libros, pues sabe que cada uno de ellos es portador de una parte de él mismo y puede abrirle el camino a esta parte si tiene la sabiduría de no detenerse..."
De vez en cuando algo en un texto despierta a una de las princesas de nuestro alma, revela una parte de nosotros mismos que hasta el momento no había podido decirse. Y entre líneas, nos convertimos en los narradores de nuestra propia vida. Construimos una página de nuestra historia incorporando un fragmento, algunas frases y nos apresuramos en deformarlas, precisamente porque el sujeto está actuando en nosotros mismos, y se apropia el texto, lo somete a su antojo, a su deseo. Por ejemplo, Paul Auster tomó consciencia algún día de que cuando leía Orgullo y prejuicio de Jane Austen, la obra se situaba para él ¡en el salón de sus propios padres, en el New Jersey!
Según parece, lo que está en nosotros debe primero encontrar cómo decirse afuera (y por vías indirectas, o metafóricas) para que podamos estar instalados en nosotros mismos. Estamos en busca de ecos de lo que hemos vivido, de nuestras experiencias y esta búsqueda es tan intensa que a menudo hacemos derivar el texto a nuestro capricho, lo reescribimos sin darnos cuenta.
Lo complicado es que la escuela tiene una representación del "buen lector" bastante diferente: no se trata del buen lector de Pierre Bayard, que sólo pasa por el texto...

¿Existe en todo lector una dimensión de transgresión en la lectura?

Me gustaría pensarlo así, pero no estoy cierta de ello. Salvo si consideramos que la dimensión de apropiación y de desvío, intrínseca a la lectura, sea una transgresión...

Recordé que dijiste que el objeto de tus investigaciones nos es “como podemos construir lectores” sino como la lectura ayuda a las personas a construirse, a descubrirse, a hacerse un poco más autoras de su vida, sujetos de su destino, aun cuando se encuentren en contextos sociales desfavorecidos… ¿Nos permiten la escritura, la lectura con su dimensión de reescritura, construir una “otra” memoria, la posibilidad de reinventarnos?

Noteboom dice que el recuerdo es como un perro que se acuesta donde quiera. Y el recuerdo siempre es una reescritura, una recreación. ¡Por ese motivo los historiadores desconfían de los recuerdos de los que vivieron algún evento, y suelen cotejarlos con otros datos!
Tu expresión, "la posibilidad de reinventarnos”, me hace pensar en dos aspectos muy diferentes. El primero, es que escribir y leer nos permite configurar de otra manera lo que hemos vivido, es como una segunda suerte que nos es dada. Tomo un ejemplo corriente: sufro una pena de amor. Siempre me será posible vengarme del ser que me ha dejado o ignorado encerrándolo en mis páginas y escribiendo la historia de otra manera – o leyendo una novela. Una amiga escritora me contaba ayer que Benjamin Constant escribió su gran obra Adolfo – el monólogo de un joven que abandona a su “vieja” amante – para librarse de su propia pasión para Madame de Staël que lo había dejado plantado. Calaferte decía que un libro no era otra cosa que el éxito del fracaso. No hay porque reírse de esta dimensión: es uno de los múltiples caminos por los cuales la escritura y la lectura son reparadoras.

El segundo aspecto es muy diferente: pienso por ejemplo en lo que compone Daniel Mendelsohn en Los Hundidos, un libro magnífico y conmovedor[1]. Poco a poco reencuentra unas huellas, unos recuerdos vivos, de seis miembros de su familia que  estuvieron exterminados por los nazis. Seis entre seis millones. Los nazis se esforzaron en acabar con la más mínima huella de estas personas, de su subjetividad, de su singularidad. Mendelsohn hace revivir, después de investigar en el mundo entero, lo más singular: una manera particular que tenía una pariente de disfrutar de unas fresas, o de llevar una cartera, o las piernas lindas de otra. En este caso, el trabajo de puesta en relato, de escritura, aparece irremplazable.
Más allá de las obras de unos escritores, se puede pensar en el trabajo sobre la memoria que se está realizando en varios países que vivieron tragedias. Una amiga mía, Florence Prudhomme, desarrolló un proyecto maravilloso en Ruanda para ayudar a viudas y huérfanos a reconstruirse después del genocidio[2]. Entre las múltiples actividades que propuso, está la escritura de “Cuadernos de memoria” en los que la gente transcribe, con la ayuda de un escritor, algunos recuerdos – no forzosamente de los meses terribles del genocidio: puede tratarse de recuerdos de infancia, por ejemplo, que son anteriores al horror y de los cuales se habían olvidado durante años. Todo eso hace que el país se vuelva más habitable.

También podemos pensar en la recopilación de relatos de vida que actualmente se realiza en Colombia en el marco del proyecto “Conflicto y salud mental”. Ciertamente existen experiencias similares en la Argentina.

Según dijiste “Para democratizar la lectura no hay recetas mágicas. Solo una atención personal a los niños, a los adolescentes, a las mujeres, a los hombres”. ¿Esa atención implica aquella sugerencia que alguna vez hiciste de hacernos un poco etnólogos, observando como proceden los niños, los adolescentes, con los libros, o los padres con los niños, escucharlos (...)?

Si, precisamente es lo que están haciendo muchos mediadores. Es un arte que admiro. Supone mucha delicadeza, imaginación, conocimientos, intuición, y una alternancia entre empatía y distanciación.

Recomendaste a los docentes un ejercicio de reflexión interesante “elaborar una autobiografía como lectores”… ¿qué es lo que permitiría este ejercicio que, si mal no leí, vos misma hiciste respecto de tu recorrido?

Yo hice este ejercicio (que dio lugar al libro Una infancia en el país de los libros[3]) porque mi editor y amigo Daniel Goldin me lo sugirió. Y para despertar a aquellas princesas, no hay como la lectura de unos recuerdos ajenos transcritos por escritores.
No son sólo los docentes los que podrían reflexionar a este propósito sino también los bibliotecarios, los promotores de lectura, los trabajadores sociales, los padres de familia… Para conocer mejor su propia relación con los libros, la lectura, la cultura escrita, la literatura, tomar consciencia de sus ambivalencias, de sus miedos eventuales. Puesto que si hago hermosos discursos relativos a lo estupendo que es la lectura, pero al mismo tiempo mi voz o mis gestos expresan el aburrimiento o el malestar que en realidad aquella actividad me procura, será eso lo que el niño “oirá”.
De hecho, quizá el ejercicio sea todavía más recomendable para los docentes ya que el acercamiento académico clásico supone poner a distancia la propia experiencia, dejar afuera del aula la sensibilidad y no hacerse preguntas sobre su propia relación con esta actividad (por lo menos así fue y sigue siendo en mi país, salvo excepciones). De vez en cuando participo en enseñanzas a distancia para unas universidades, en las que les pido a los alumnos que comenten un tanto su recorrido lector, sus recuerdos, sus experiencias. A menudo están sorprendidos por la propuesta.

¿Qué importancia tuvo encontrarte con Mirta Colángelo durante el proceso de tus investigaciones?

Mirta hizo que yo me sensibilizara a toda la dimensión de la educación por el arte, más allá de la lectura. Y ella me recordó que lo que hay que leer es el mundo (lo que también menciona frecuentemente Graciela Montes con quien nunca cesé de conversar en mi cabeza, incluso si ella no lo sabe). Mi próximo libro, que se publicará dentro de poco tiempo en Francia, tiene como título, precisamente, Leer el mundo[4]. Me refiero varias veces al trabajo maravilloso de Mirta, que ya mencioné en mi libro sobre el arte de los mediadores. Aquí en Francia, estoy contenta de que el MUZ (un museo virtual de las obras de los niños, fundado por el ilustrador Claude Ponti y Aline Hébert-Matray) le haya dedicado una exposición, hace unos os[5]. Mirta estaba encantada.
Los pájaros siguen volando… pero el mundo es un tanto más aburrido, más trivial, sin Mirta. Era poeta en todo lo que hacía. Existen en el mundo algunas personas que siento como hermanos y hermanas, y con los cuales puedo conversar sin que lo sepan cuando voy a pasear en un parque. Mirta era una de ellas. Cuando pienso en ella, siempre la imagino saliendo afuera: saliendo al jardín del Patronato de la Infancia con los pibes, saliendo para llevarlos a la orilla del océano para tirar botellas con mensajes. Los arrancaba de lo que vivían, de sus tragedias, abría radicalmente el espacio. Pero Mirta también nos llevaba a nosotros a las orillas cuando hablaba. Cambiaba nuestra mirada sobre lo que nos rodeaba.
Cuando me enteré de su desaparición, me encontraba en el sur de Francia, en Languedoc, en una casa que se abre hacia una playa. Era por la mañana, descargué mis correos electrónicos y recibí la noticia. La gente con quien me encontraba ignoraba quién era ella, no podía compartir mi pena con cualquiera. Me levanté, miré el mar por la ventana y justo frente a la casa pasaba un buque con una gran vela negra… Nunca había visto antes un buque con tal vela.

No quiero terminar esta entrevista, sin traer a la memoria a un escritor que te mencionaba y apreciaba mucho, Eduardo Dayán… ¿Qué recuerdos tenés de él?

Mi primer recuerdo de Eduardo, inseparable del de Alicia, su pareja, está situado en Bogotá, en tiempos del 5o Congreso nacional de lectura, en 2002. Eduardo había recibido el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura para Palomas son tus ojos[6]. Es el recuerdo de su sonrisa – de sus sonrisas a ambos. De su mirada divertida y cariñosa sobre lo (y los) que le rodeaba. De las comidas en las que nos contaban la Argentina en crisis. De su curiosidad generosa cuando vinieron a escuchar mi ponencia. Y del largo poema que Eduardo leyó para clausurar el Congreso, en el que evocaba esa estancia en Bogotá, "una incesante llovedera"  
"Y el deseo que crece a cada paso
Volver, volver siempre a Bogotá. Y a su gente ¡Si, señor!"
Y yo temblaba de emoción escuchándole, él me devolvía aquella ciudad en la que había vivido en mi adolescencia y a la que regresaba.
Después nos vimos cada vez que viajé a Buenos Aires, y me acuerdo de nuestros paseos. Eduardo me presentaba la ciudad pero como su conversación era deliciosa, yo estaba tan atenta a sus palabras que ¡no veía gran cosa!
Era como si lo conociera desde siempre, como si estuviéramos amigos desde la juventud (¡él era tan joven!). Y al mismo tiempo, incluso si no teníamos tantos años de diferencia, Eduardo y Alicia constituían para una suerte de pareja parental benévola. Me recuerdo que en el 2005 viajé a Buenos Aires en un estado fatal, después de eventos familiares duros. Estaba enferma y me preguntaba como podría cumplir con mis obligaciones y dar mis conferencias. Fueron ellos – con Elisa Boland – los que me permitieron estar en pie. Me acompañaron con una delicadeza y una discreción admirables.
Cuando me enteré por una carta de Alicia de la muerte de Eduardo, lloré como una niña y – eso también es infantil – estaba muy enojada como si fuera algo particularmente escandaloso, ¡como si algunas personas deberían ser dispensadas de morir!

La última, y con esta me voy - según lo que me respondas -: ¿Cuándo te veremos nuevamente por Argentina?

A lo mejor en el 2015. Si la Argentina se encontrara más cerca de Francia, digamos a la distancia de España, viajaría allá una o dos veces al año, particularmente para encontrarme con amigos. Es que el Atlántico es muy ancho cuando le toca a una pasar 14 horas de viaje sosteniendo al piloto con sus pensamientos...
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Michéle Petit, quiero agradecerte este encuentro, hecho todo de palabras. Y darte un abrazo que acorte las distancias… mientras ello sucede, ¿oís?... suena de fondo, como música que ambienta el espacio, el tiempo, el alma, la voz de Graciela Montes pronunciando aquellas palabras que vos misma escogiste alguna vez para cerrar una ponencia tuya en Argentina:
“… la lectura es una actividad más amplia que ‘leer libros’: es sentirse desconcertado frente al mundo, buscar signos y construir sentido. Para leer de esa manera, con esa intensidad, el no asustarse por el vacío es fundamental. Y cuando la programación de la vida es muy rigurosa, parecería que no hay grietas ni lugar donde sentirse desconcertado, perplejo, cuestionador, inquieto por todo lo que a uno lo rodea (…)
« Escrutar el cielo, el vuelo de las aves, el rostro de una persona, la textura  que adopta la corteza de un tronco, la deriva del río es algo muy natural. Es natural tratar de  entender cómo funciona un motor, una máquina. La lectura de la letra no es más que una  sofisticación de esa otra lectura. Lo primero que hay para leer es lo que está ahí, el enigma, el  mundo…”

Hasta siempre… Ivanna Rosselli.-


[1] Ediciones Destino. Ver http://www.publico.es/agencias/efe/8216/mendelsohn-rescata-del-olvido-a-seis-parientes-victimas-del-holocausto-en-los-hundidos
[2] Pueden visitar la casa que construyó en http://www.rwanda-avenir.org
[3] Publicado por Océano-Travesias.
[4] Se publicara en 2015 en español.
[5] Todavía se pueden ver unas obras en una colección particular, siguiendo este vínculo http://lemuz.org/collections/view/2707/4802

[6] Publicado por Norma.

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Acerca de Michéle Petit:
Michèle Petit nació en Francia, y cuenta con una formación pluridisciplinar. Socióloga y Antropóloga, ha realizado estudios en lenguas orientales y psicoanálisis. Investigadora del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia), y miembro del laboratorio LADYSS (Dinámicas sociales y recomposición de los espacios). Desde 1992 trabaja sobre la lectura y la relación con los libros, privilegiando los métodos cualitativos, en particular el análisis de la experiencia de los lectores. Ha coordinado investigaciones sobre la lectura en el medio rural y sobre el papel de las bibliotecas públicas en la lucha contra los procesos de exclusión. Ha profundizado el análisis de la contribución de la lectura en la construcción o la reconstrucción del yo, particularmente en espacios en crisis. 
Participó en dos interesantes investigaciones relacionadas con la lectura. La primera, realizada junto con Raymonde Ladefroux y Claude-Michèle Gardien, dio lugar a la publicación del libro Lecteurs en campagnes: les ruraux lisent-ils autrement? (Paris: BPI-Centre Georges Pompidou, 1993). Investigación realizada a partir de entrevistas con personas, de diferentes categorías sociales, que vivían en el campo y a las que les gustaba leer, donde evocaban, de manera muy libre, el conjunto de su trayectoria como lector, desde los primeros recuerdos infantiles.
La segunda, más reciente, se recoge en De la bibliothèque au droit de cité: parcours de jeunes (Paris: BPI-Centre Georges Pompidou, 1997). En ella también participaron Raymonde Ladefroux, Chantal Balley e Isabelle Rossignol. Esta investigación se basó en entrevistas con 90 jóvenes de seis barrios desfavorecidos cuya trayectoria se vio influida por la frecuentación de una biblioteca pública.
La investigadora ha intervenido en numerosos coloquios, conferencias y cursos de formación a bibliotecarios, tanto en Francia como en otros países

Textos de Michèle Petit en castellano:
  1. Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. Traducción de Rafael Segovia y Diana Luz Sánchez. México, Fondo de Cultura Económica. Colección Espacios para la Lectura, 1999.
  2. Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. Coedición CONABIP- Fondo de Cultura Económica. Colección Espacios para la lectura, 2001.
  3. Pero ¿y qué buscan nuestros niños en sus libros? Michèle Petit/ Leer, ¿para qué? Xabier Puente Docampo. Lecturas sobre lecturas/2. México, Dirección General de Publicaciones del Conaculta, 2002.
  4. Leer & liar; Lectura y familia, Lecturas sobre lecturas/16. México, Dirección General de Publicaciones del Conaculta, 2005.
  5. Una infancia en el país de los libros. México. Océano/Travesía. 2008.
  6. El arte de la lectura en tiempos de crisis. México. Océano/Travesía, 2009.

4 comentarios:

  1. Michèle es tan profunda y tan accesible a la vez. Tan de otro lado y a la vez tan nuestra. Gracias Ivanna por traernos sus palabras.

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    1. Gracias Selva, a vos, por tu lectura - apasionada, reflexiva y responsable -, por tu compañía, por estar... Sí, Michéle es tan de otro lado como nuestra, es verdad... es intensa... y leerla provoca esa intensidad en la lectura.-

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  2. Maravillosa entrevista, muchas gracias. Y, de nuevo, libros y autores para descubrir.

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    1. Ana, muchísimas gracias por haber venido con tu mirada y tu escucha hasta aquí, y más aún, por haberte tomado el tiempo de haber compartido tus emociones lectoras... sí, nuevos libros y autores por descubrir, que así sea siempre! abrazo

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